Gotas con miles de células, en lugar de tinta, caen de los cabezales sobre una superficie gelatinosa. Las células se asocian y arman una estructura en tres dimensiones. La bio-impresora fue diseñada para intentar salvar la vida de millones de personas. Sin embargo, los especialistas advierten que la ilusión de producir un órgano está aún lejos de concretarse.
Injertos artificiales de piel, cartílago y hueso. Córneas, vejigas y hasta vasos sanguíneos. Con la aspiración de construir órganos y regenerar tejidos, se atreve a combinar la biología con la arquitectura y la ingeniería. Aquí, una de sus últimas y más audaces apuestas: una impresora de chorro de tinta modificada que promete producir cualquier parte de nuestro cuerpo. Los trabajos del doctor Vladimir Mironov, de la Universidad de Carolina del Sur en Estados Unidos, demuestran que nuestra protagonista ya imprimió sus primeros tejidos.
Con impresoras que colocan capa por capa el material deseado en el lugar indicado. “Utilizan un brazo robótico que, en lugar de tinta, coloca células”, explica el doctor Pablo Argibay. Las gotas de bio-tinta con grupos de miles de células, llamados esferoides, caen en forma precisa y automática sobre una superficie gelatinosa. Este gel biodegradable, o matriz, funciona como papel biológico sobre el cual la impresora dirige y coloca cada gota, según le indique el mapa del órgano en cuestión.
Mironov plantea la posibilidad de que las gotas de bio-tinta, colocadas lo suficientemente cerca, se fusionen, pasen de un mini a un macro tejido y así materializar un órgano. Sin embargo se dice que “Muchos trabajaron en la obtención de células de músculo cardíaco y no logran hacerlas latir”.
Según Mironov, las técnicas utilizadas hasta ahora en la producción de tejidos artificiales, que se basan en hacer crecer células sobre un soporte sólido en contraposición a la fluidez y fusión de los esferoides, todavía presentan limitaciones que les impiden llegar a un grado de mayor complejidad.
El obstáculo que se repite en la mayoría de las técnicas de ingeniería de tejidos, y la impresión de órganos no es la excepción, es obtener la cantidad de células suficiente para regenerar o, en este caso, imprimir la zona lesionada.
De acuerdo al pionero en ingeniería de tejidos Robert Langer, del Massachusetts Institute of Technology en Estados Unidos, 50 millones de personas ya se beneficiaron gracias a ellas. En el futuro, una de cada 5 personas mayores de 65 años es probable que requiera de estos avances.
Sin embargo, existen peligros que implican determinadas metodologías. La fantasía terapéutica, la capacidad de las células madre de producir tumores, de migrar dentro del cuerpo con la posibilidad de generar metástasis, entre muchas otras.
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