jueves, 2 de junio de 2011

Historia del corazón artificial

El primer trasplante de corazón se hizo en 1967. Desde entonces se han mejorado las técnicas quirúrgicas y se han encontrado medicamentos para reducir el riesgo de rechazo de un órgano extraño, fenómeno frecuente en el cuerpo del paciente que recibe un corazón sano en donación.
Imaginarás que las dificultades para obtener un corazón ideal para el transplante son muchas. 

Entre las principales, podemos anotar que el órgano continúe vivo a pesar de que el donador ya no pueda estarlo; además de que el receptor sea también compatible. Con esos problemas, los trabajos para diseñar un corazón artificial, son tan viejos como los primeros intentos de trasplante. Robert Jarvik tiene el honor de haber diseñado el primer corazón artificial que fue colocado en un paciente. Esto ocurrió en 1982, 15 años después del primer trasplante.

El prototipo se llamó Jarvik-7 y el paciente pudo sobrevivir por tan sólo tres meses. Hubo otros cuatro intentos, pero ninguno de los receptores logró rebasar el récord impuesto por el primero: murieron en mucho menos tiempo. Con esta mala racha, el uso del Jarvik-7 fue suspendido. Puedes notar que el diseño y la producción de corazones artificiales es uno de los campos donde la física, la biología, la medicina y otras disciplinas tienen que trabajar conjuntamente.

Jarvik no fue el primero en hacer un diseño de este tipo. Al menos se tienen registradas cien patentes de corazón artificial en los Estados Unidos, pero ninguno de ellos era lo suficientemente confiable como para experimentar en una persona, aunque estuviese moribunda. Un corazón no es otra cosa que una bomba. Su papel es el de generar impulsos a presión, para que la sangre pueda hacer su recorrido por todo el organismo.

Originalmente, Robert Jarvik pensaba que lo ideal era el transplante de un corazón real como solución al problema de los pacientes. La idea del órgano artificial era tan sólo una solución momentánea para mantener vivos a los enfermos mientras llegaba su turno para una cirugía de cambio completo de músculo cardíaco.

Pero, bueno: el señor es más que empeñoso y hace muy pocos años presentó el modelo Jarvik-2000 notablemente mejorado. Para que tengas una idea del avance, diremos que el tamaño de este nuevo artefacto es apenas como el dedo pulgar de un adulto. Los impulsos son generados y controlados por un transmisor que se atornilla al cráneo por detrás de la oreja. No es una antena parabólica ni nada por el estilo: se trata de un dispositivo del tamaño de una moneda. Esto y el sistema de cableado van por debajo de la piel.

Ah: y la dificultad de la fuente de energía se ha resuelto con una batería externa que se lleva en la cintura.


Como último detalle habría que mencionar el costo. Es un pequeño motorcillo, pero pareciera que se está comprando un automóvil de lujo. El sólo aparato, sin gastos de instalación, mantenimiento o verificación, tiene un valor de aproximadamente 50 000 libras esterlinas. Según sus promotores, es barato si se compara con lo que cuesta cuidar a un enfermo del corazón. También dicen: “¿Cuánto vale su vida?”

De lo que no hay duda, es que se trata de un mundo de dinero que muy pocos podrían pagar.

Robert Jarvik: buen diseñador, mejor comerciante

Aquí salen un par de enseñanzas:

La primera, que el trabajo entre disciplinas cada vez es más necesario e importante para encontrar soluciones. El conocimiento ha llegado al punto en que para avanzar, se requiere que el profesional eche mano de diferentes ramas del conocimiento, o bien, que conocedores de diferentes campos trabajen en proyectos comunes. La otra, que para trabajar en el campo de la salud no se requiere forzosamente ser médico, hay muchas otras profesiones que cada vez colaboran más; ejemplos de ello son la ingeniería biomédica, la genética, la física y muchas más.

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